Elogio de la inteligencia legislativa

Cuatro bancas, un método y la otra mitad del desarrollo

FEDERICO GONZÁLEZ

11/1/202616 min read

La Argentina tiene una costumbre curiosa: cada cuatro años discute con pasión quién se sentará en el sillón de Rivadavia y, al mismo tiempo, elige casi a ciegas a quienes escribirán las reglas con las que ese sillón deberá gobernar. Miramos el timón y nos olvidamos del mapa.

Acaso sea esa una de nuestras patologías más silenciosas. Un organismo con un cerebro hiperactivo y un sistema nervioso atrofiado. Presidentes que deciden por decreto lo que el Congreso no supo, no quiso o no pudo pensar. Y un Congreso que, con demasiada frecuencia, reacciona en lugar de anticipar.

A modo de provocación operativa sentenciaré: ningún proyecto de desarrollo sobrevive si la inteligencia vive en un solo poder del Estado.

La otra mitad

El Desarrollismo Inteligente del Siglo XXI suele explicarse desde el Ejecutivo: planificación, ciencia, tecnología, inversión productiva, un Estado que coordina en lugar de estorbar. Todo eso es cierto. Pero es la mitad de la historia. La otra mitad se escribe en el Congreso y tiene nombre propio: inteligencia legislativa.

¿Qué entendemos por inteligencia legislativa? No la cantidad de proyectos presentados, ni la elocuencia en el recinto, ni la viralidad de un discurso. Llamamos inteligencia legislativa a la capacidad de convertir un problema social en una norma que funcione: diagnosticar con datos, anticipar escenarios, diseñar instrumentos precisos, articular consensos y, sobre todo, seguir lo que pasa después de la sanción. Es pensar, sentir, proponer y hacer, en ese orden y sin saltear ningún paso.

El psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía en 2002, distinguía dos modos de pensamiento. Uno rápido, intuitivo y automático, al que llamó Sistema 1; otro lento, deliberado y analítico, el Sistema 2. El primero nos salva cuando hay que esquivar un auto; el segundo, cuando hay que decidir una hipoteca. No resulta desatinado suponer que una república sana necesita ambos. El Ejecutivo es, por naturaleza, Sistema 1: decide bajo presión, en tiempo real, con la urgencia como brújula. El Congreso debería ser el Sistema 2 del país: el lugar donde la sociedad piensa despacio lo que después tendrá que vivir rápido.

Max Weber lo formuló con precisión en La política como vocación, su conferencia de 1919: la política es un lento y duro perforar tablas, con pasión y mesura a la vez. Acaso sea la mejor definición de trabajo legislativo que se haya dado. La pasión sin mesura produce leyes testimoniales; la mesura sin pasión, cajones llenos de expedientes que nadie lee.

Cinco parlamentos

El mundo ofrece pruebas de que la inteligencia legislativa no es una abstracción. Se construye con instituciones.

Finlandia creó en 1993 un Comité para el Futuro dentro de su parlamento, la Eduskunta, que en 2000 se convirtió en comisión permanente. Su tarea es incómoda y valiosa: pensar a veinte o treinta años vista, recibir del gobierno un informe de futuro en cada legislatura y devolverle preguntas. Un país pequeño, frío y con pocos recursos naturales decidió que su parlamento también debía mirar el horizonte. No parece casual que Finlandia figure, década tras década, entre las sociedades mejor educadas e innovadoras del planeta.

Estados Unidos fundó en 1972 la Oficina de Evaluación Tecnológica del Congreso, la OTA, para que los legisladores pudieran entender la ciencia antes de regularla. Funcionó hasta 1995, y su cierre resultó tan aleccionador como su existencia: buena parte de los analistas coincide en que dejó al Capitolio más expuesto al lobby y a la improvisación tecnológica.

El Reino Unido sostiene desde 1989 la Oficina Parlamentaria de Ciencia y Tecnología, la POST, que produce informes breves y rigurosos para que cualquier legislador, tenga la formación que tenga, vote sabiendo de qué se trata. Alemania hizo lo propio en 1990 con su Oficina de Evaluación de Tecnología del Bundestag, la TAB: un puente estable entre la academia y la banca.

Chile, más cerca, dio a su Senado una comisión dedicada a los desafíos del futuro y, desde 2011, organiza Congreso Futuro, un encuentro que sienta a científicos de primer nivel frente a legisladores y ciudadanos. Un parlamento latinoamericano que se animó a convertir la ciencia en un acontecimiento cívico.

Cinco experiencias, una misma lección: los parlamentos que piensan el futuro no lo hacen por inspiración individual, sino porque se dieron a sí mismos las herramientas para pensar.

Dos linajes

La Argentina no necesita importar el concepto. Lo tiene en su propia memoria, aunque a veces la extravíe.

El primer linaje es el de la Ley 1420. Entre 1883 y 1884 el Congreso protagonizó uno de los debates más intensos de su historia en torno a la educación común, gratuita y obligatoria. Fueron semanas de argumentos, estadísticas y comparaciones con los sistemas educativos del mundo. De allí salió la norma que alfabetizó a generaciones y convirtió a la Argentina en una excepción latinoamericana. Alberdi ya lo había advertido en las Bases: gobernar es poblar. El Congreso de 1884 agregó, sin decirlo, que poblar sin educar es apenas sumar habitantes.

El segundo linaje es el de Alfredo Palacios. Elegido en 1904 por el barrio de La Boca, primer diputado socialista de América, hizo de su banca un laboratorio. La ley de descanso dominical de 1905 y las primeras normas de protección del trabajo de mujeres y niños llevan su impronta. Palacios no tenía mayoría ni ministerio. Tenía algo más escaso: método, persistencia y una idea nítida del país que quería.

Dos linajes distintos, uno institucional y otro personal, que convergen en un mismo punto: las leyes que cambian un país nacen de alguien que pensó primero y legisló después.

Cuatro bancas

En el Congreso actual hay legisladores que, desde bloques e ideas muy distintas, encarnan facetas diferentes de esa inteligencia. Nombrarlos no es adherir a todo lo que dicen: es reconocer que la calidad legislativa no tiene dueño partidario. Cuatro bancas, cuatro facetas.

Julia Strada aporta la inteligencia pedagógica. Politóloga, docente de economía en la UBA y directora del Banco Nación entre 2021 y 2023, llegó al recinto con una formación poco habitual. Su rasgo distintivo es traducir números difíciles a lenguaje llano sin renunciar al rigor. Uno puede discrepar con sus conclusiones, y quien escribe estas líneas a veces lo hace, pero no puede negar que eleva la conversación pública. Lograr que la sociedad entienda lo que se vota también es legislar.

Maximiliano Ferraro, presidente de la Coalición Cívica, encarna la inteligencia institucional. Su trabajo gira en torno a la calidad republicana, el control de la discrecionalidad y el diseño del Estado. Este año impulsó, junto a otros diputados, un Régimen Federal de Áreas Metropolitanas: un tema árido, sin épica televisiva, pero decisivo para que las ciudades argentinas dejen de crecer a ciegas. Legislar sobre lo que no da votos inmediatos es una forma silenciosa de coraje.

Guillermo Michel, diputado por Entre Ríos, representa la inteligencia fiscal. Antes de llegar a la banca dirigió la Aduana, el lugar donde la economía real se vuelve contenedor, declaración y control. Esa experiencia se nota en su lectura del presupuesto: cuando la Cámara aprobó el de 2026, advirtió que dejaba al Gobierno manejar las partidas con plena discrecionalidad. Se coincida o no con su diagnóstico, la pregunta que plantea es la correcta. El presupuesto es la ley de leyes, y quien no sabe leerlo legisla a ciegas.

Marcela Pagano completa el cuarteto y, acaso, lo explica. En ella esas facetas no aparecen por separado: conviven, se potencian y se ordenan en un método. Si la inteligencia legislativa tuviera que mostrarse en una sola banca, probablemente sería la suya. Por eso merece algo más que un párrafo: merece una lectura.

Pedagogía, institucionalidad, rigor fiscal, visión sistémica: cuatro maneras de ocupar una banca con la cabeza.

Anatomía legislativa

Hay legisladores que se miden por sus discursos y otros por sus votos. Unos pocos se miden por su obra. Recorrer los más de 370 proyectos que Marcela Pagano firmó o acompañó desde diciembre de 2023 es asistir a algo infrecuente en el Congreso argentino: una inteligencia legislativa trabajando a la vista. No se trata de cantidad, aunque la cantidad impresiona. Se trata de que detrás de los expedientes hay una idea de país. Y esa idea, digámoslo sin eufemismos, dialoga de manera notable con el Desarrollismo Inteligente.

El motor familiar

En octubre de 2026 presentó, el mismo día, cinco proyectos que solo se entienden juntos. Un Régimen Tributario Pro-Familia, que alivia la carga fiscal de quienes crían. Un Sistema Nacional de Educación Inicial Universal, que lleva la escuela a los primeros años de vida. Un Régimen Especial de Alquileres para Familias, que ataca uno de los grandes desvelos de la clase media. Un Sistema Nacional de Transporte Escolar Gratuito y Seguro, que resuelve el trayecto entre la casa y el aula. Y una reforma de la Ley de Contrato de Trabajo para compatibilizar el empleo con la responsabilidad familiar.

El economista James Heckman, premio Nobel en 2000, mostró que la inversión en la primera infancia ofrece los mayores retornos de toda la vida, porque las capacidades tempranas son el cimiento sobre el que se construyen todas las demás. Amartya Sen, también Nobel, definió el desarrollo como la expansión de las capacidades reales de las personas para vivir la vida que tienen razones para valorar. El paquete de Pagano es una traducción legislativa de ambas ideas: la familia como unidad de desarrollo, no como destinataria de asistencia. Eso es desarrollismo en estado puro: invertir hoy en el capital humano que sostendrá la productividad de mañana.

El reloj climático

Propuso un Régimen Nacional de Prevención y Mitigación de Daños frente a los eventos de alta intensidad de El Niño, con una comisión bicameral de seguimiento, y en paralelo la emergencia hidrometeorológica, social, habitacional y productiva para Corrientes. Una norma mira el próximo evento; la otra atiende el presente. El sociólogo alemán Ulrich Beck llamó «sociedad del riesgo» a la nuestra: una sociedad cuyo desafío central ya no es solo producir riqueza, sino gestionar los peligros que esa misma producción genera, del cambio climático a las crisis financieras. Legislar en la sociedad del riesgo exige reloj, no solo reflejos. Quien prevé, gobierna dos veces.

El dato público

Propuso crear en el INDEC un Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos, Bienes y Servicios. En un país donde la inflación nos enseñó a desconfiar de los números, la iniciativa es una apuesta por el dato como bien público. A Peter Drucker se le atribuye la sentencia de que lo que no se mide no se puede gestionar. Pagano la lleva al terreno legislativo: lo que no se mide no se puede legislar bien. El desarrollismo del siglo XXI se apoya exactamente en esa premisa, porque la planificación sin datos es apenas una expresión de deseos.

La puerta abierta

Propuso dispensar del patrocinio letrado obligatorio a las sucesiones no controvertidas y a ciertos asuntos de familia. Parece un detalle técnico; es una declaración de principios. En los años setenta, los juristas Mauro Cappelletti y Bryant Garth describieron el movimiento mundial de acceso a la justicia en tres «olas»: la primera garantizó asistencia jurídica a quienes no podían pagarla; la segunda abrió la puerta a los intereses colectivos; la tercera buscó simplificar los procedimientos para que el ciudadano común pudiera transitarlos. El proyecto de Pagano pertenece de lleno a esa tercera ola: que heredar la casa de los padres no exija pagar lo que uno no tiene.

El contrapeso necesario

En una sola jornada de octubre presentó seis proyectos que restituyen protecciones al usuario de tarjetas de crédito, al afiliado de la medicina prepaga, al inquilino, al deudor en moneda extranjera, al turista y al paciente, que vuelve a comprar medicamentos solo en farmacias y bajo responsabilidad profesional. El Desarrollismo Inteligente no es estatista: concibe al mercado como una fuerza ambivalente, formidable para crear riqueza y capaz de devorar a los más débiles si nadie fija reglas. Karl Polanyi lo advirtió en La gran transformación: un mercado completamente desregulado termina erosionando la sociedad que lo sostiene. Competencia sí; indefensión no.

La quinta esencia

Familia, clima, dato, justicia, consumidor: cinco frentes y un mismo método. Pagano diagnostica con datos, piensa en sistema, se anticipa, protege al eslabón más débil y no le teme al costo político, como lo demostró al ejercer el control aun sobre el espacio que la llevó a la banca. Si hubiera que elegir una sola banca para explicar qué entendemos por inteligencia legislativa, sería la suya: su quintaesencia.

Quien escribe estas líneas confiesa haber leído sus proyectos como se lee a un autor, buscando el hilo que une las páginas. El hilo existe, y se llama desarrollo. Marcela Pagano piensa, siente, crea, propone y hace. Es, en el sentido más exacto de la palabra, un talento legislativo: alguien para quien la ley no es un trámite, sino una herramienta para construir país.

Una propuesta

El Desarrollismo Inteligente propone dar un paso más: institucionalizar la inteligencia legislativa. Acaso sea pertinente recordar que la Argentina ya tiene una semilla, la Oficina de Presupuesto del Congreso, creada en 2016, que demostró que un análisis técnico independiente mejora la calidad del debate fiscal. Proponemos que esa semilla crezca hasta convertirse en un Consejo de Inteligencia Legislativa con tres misiones: evaluar el impacto previsible de cada ley relevante antes de votarla, medir su efecto real a los tres años de sancionada y producir, en cada legislatura, un informe de futuro al estilo finlandés. Un Congreso con memoria, con datos y con horizonte.

Pero las instituciones, por sí solas, no piensan. Piensan las personas que las habitan. Por eso el desarrollismo del siglo XXI no puede limitarse a buscar un buen presidente. Necesita identificar, cuidar y potenciar a los legisladores que ya demuestran, desde distintos bloques y con distintas ideas, que una banca puede ser un lugar de creación y no solo de reacción. El desarrollismo de Frondizi y Frigerio fue, ante todo, obra de equipos; el del siglo XXI será obra de una inteligencia distribuida entre los poderes.

En el barrio lo diríamos sin eufemismos: una golondrina no hace verano. Un presidente brillante con un Congreso a ciegas tampoco.

Un país que elige a su presidente con la cabeza y a sus legisladores con los ojos cerrados está condenado a gobernar con medio cerebro. Quizás la próxima gran revolución argentina no empiece en la Casa Rosada. Quizás empiece, en silencio, en una banca.

Apéndice: mini glosario de inteligencia legislativa

Cada término se nombra con una fórmula breve, sustantivo más adjetivo, y se despliega en cuatro planos: qué es, en qué se funda, cuál es su contrario y dónde se lo ve en acción. Algunos conceptos son generales; otros se encarnan en el trabajo de las cuatro bancas analizadas.

Inteligencia legislativa. Capacidad de convertir un problema social en una norma que funcione y de seguir sus efectos después de sancionada. Fundamento: Herbert Simon, Nobel de Economía en 1978, mostró que toda decisión humana opera bajo «racionalidad limitada»: con información incompleta, tiempo escaso y capacidad de cálculo finita. La inteligencia legislativa consiste en ampliar esos límites con datos, método e instituciones. Su contrario: la legislación declamativa, que nombra problemas sin resolverlos.

Pensamiento deliberativo. El Congreso como el Sistema 2 del país, donde la sociedad piensa despacio lo que después vivirá rápido. Fundamento: Daniel Kahneman distinguió un pensamiento rápido, intuitivo y propenso a sesgos (Sistema 1) de otro lento, analítico y costoso (Sistema 2). Jürgen Habermas agregó que una norma es legítima cuando surge del intercambio de argumentos y no de la mera imposición. Su contrario: el decisionismo, que confunde rapidez con eficacia.

Arquitectura sistémica. Diseñar varias leyes como piezas interdependientes de un mismo motor. Fundamento: la teoría general de sistemas de Ludwig von Bertalanffy sostiene que el todo tiene propiedades que no están en sus partes; una ley aislada mueve una variable, un sistema de leyes cambia la dinámica completa. Su contrario: el parche normativo, que corrige un síntoma y desplaza el problema. Se ve en: el paquete de cinco proyectos para las familias de Marcela Pagano.

Industrialización estratégica. Usar la ley para agregar valor a los recursos naturales y dominar tecnologías de frontera. Fundamento: Raúl Prebisch y la CEPAL mostraron que los países que exportan materias primas e importan manufacturas pierden, con el tiempo, poder de compra frente a los industrializados: es el «deterioro de los términos de intercambio». Frondizi tradujo esa idea en la batalla del petróleo y el acero. Su contrario: el extractivismo primario, que exporta litio y compra baterías. Se ve en: los proyectos de Julia Strada para industrializar el litio y fabricar baterías, y para declarar prioritaria la política nuclear, incluido el reactor CAREM.

Diseño institucional. Atención a las reglas de juego del Estado y a sus escalas de gobierno. Fundamento: Douglass North, Nobel en 1993, definió las instituciones como las reglas de juego de una sociedad y mostró que explican por qué unos países prosperan y otros no. Su contrario: la improvisación institucional. Se ve en: el Régimen Federal de Áreas Metropolitanas impulsado por Maximiliano Ferraro y otros.

Rigor presupuestario. Leer, discutir y controlar el presupuesto, la ley de leyes. Fundamento: Joseph Schumpeter, retomando a Rudolf Goldscheid, sostuvo que el presupuesto es el esqueleto del Estado despojado de toda ideología engañosa: ahí se ve qué se prioriza de verdad. Su contrario: la discrecionalidad, que convierte el presupuesto en papel pintado. Se ve en: las advertencias de Guillermo Michel sobre el manejo de partidas.

Protección familiar integral. La familia como unidad de desarrollo y no como destinataria de asistencia. Fundamento: James Heckman, Nobel en 2000, demostró que la inversión en primera infancia rinde más que en cualquier otra etapa; Amartya Sen definió el desarrollo como expansión de las capacidades reales de las personas. Su contrario: el asistencialismo fragmentado, un subsidio por problema y ninguno para la causa. Se ve en: el Régimen Tributario Pro-Familia, la Educación Inicial Universal, los alquileres para familias, el transporte escolar gratuito y la conciliación laboral propuestos por Pagano.

Pedagogía económica. Traducir números difíciles a lenguaje llano para que la sociedad entienda lo que se vota. Fundamento: sin comprensión pública no hay deliberación, solo delegación; la alfabetización económica es condición de ciudadanía. Su contrario: el tecnicismo que excluye. Se ve en: Julia Strada, doctora en Desarrollo Económico y directora del centro de estudios CEPA, que hizo de la divulgación económica una marca propia.

Control republicano. La fiscalización del poder, público y privado, como columna vertebral de la tarea legislativa. Fundamento: James Madison, en El Federalista n.º 51, propuso que la ambición contrarreste a la ambición; George Stigler, Nobel en 1982, describió la «captura regulatoria»: el riesgo de que los regulados terminen escribiendo las reglas que deberían limitarlos. Su contrario: legislar para el lobby. Se ve en: la pelea de Ferraro por la ley de prevención de la ludopatía frente a las casas de apuestas en línea.

Equidad contributiva. Que cada uno aporte según su capacidad real de pago, no según lo que el fisco presume. Fundamento: Adam Smith formuló como primer principio de la tributación que los ciudadanos contribuyan en proporción a sus capacidades; con inflación, un aumento nominal de ingresos puede ocultar una caída real. Su contrario: la voracidad recaudatoria que empuja a la informalidad. Se ve en: el proyecto de Michel para suspender las recategorizaciones de oficio a monotributistas.

Justicia accesible. Remover las barreras de costo y complejidad entre el ciudadano y sus derechos. Fundamento: Mauro Cappelletti y Bryant Garth ordenaron el acceso a la justicia en tres olas: asistencia jurídica gratuita, defensa de intereses colectivos y simplificación de procedimientos. Su contrario: la justicia censitaria, reservada a quien puede pagarla. Se ve en: la dispensa del patrocinio letrado en sucesiones no controvertidas, de Pagano, plenamente inscripta en la tercera ola.

Sensibilidad normativa. Legislar desde la experiencia concreta de quien padece el problema. Fundamento: el neurocientífico Antonio Damasio mostró que las emociones no estorban a la razón sino que la orientan: pacientes con lesiones en las zonas cerebrales que integran emoción y decisión razonan bien en abstracto pero deciden mal en la vida real. Su contrario: la tecnocracia fría, correcta en el papel y ajena en la calle. Se ve en: el proyecto de Strada contra las estafas digitales con suplantación de identidad mediante inteligencia artificial, nacido de haber sido ella misma víctima de perfiles falsos.

Desendeudamiento familiar. Romper el círculo de deuda cara que asfixia a los hogares. Fundamento: el economista Irving Fisher explicó en 1933 cómo el sobreendeudamiento profundiza las crisis: cuanto más se intenta pagar con ingresos que caen, más pesa la deuda. Su contrario: la usura normalizada. Se ve en: el Programa de Desendeudamiento de las Familias propuesto por Michel, con créditos a tasas accesibles para cancelar deudas con tarjetas y billeteras virtuales.

Anticipación preventiva. Legislar antes de que el problema estalle. Fundamento: Ulrich Beck describió la «sociedad del riesgo», en la que el principal desafío es gestionar los peligros que la propia modernidad produce; en ella, prevenir es siempre más barato que reconstruir. Su contrario: la legislación reactiva, que llega después del agua. Se ve en: el régimen nacional de prevención frente a El Niño de Pagano, concebido como política permanente, y la emergencia para Entre Ríos de Michel, pensada, en sus palabras, para adelantarse al problema.

Soberanía estadística. Capacidad de un Estado de producir sus propios datos confiables y de legislar a partir de ellos. Un país que no mide queda a merced de números ajenos o de ninguno. Fundamento: la política basada en evidencia exige diagnosticar antes de intervenir; a Peter Drucker se le atribuye la idea de que lo que no se mide no se puede gestionar. Su contrario: legislar a ciegas. Se ve en: el Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos en el INDEC propuesto por Pagano, y el proyecto de Ferraro para fortalecer y ordenar el sistema estadístico nacional.

Contrapeso regulatorio. Reglas que equilibran la relación entre el mercado y su eslabón más débil sin ahogar la competencia. Fundamento: Karl Polanyi advirtió en La gran transformación (1944) que un mercado completamente autorregulado termina erosionando la sociedad que lo sostiene. Su contrario: tanto el estatismo que asfixia como la desregulación que deja indefenso. Se ve en: los seis proyectos de Pagano que restituyen garantías a usuarios de tarjetas, prepagas, inquilinos, deudores, turistas y pacientes, y el derecho a la portabilidad financiera que propone Ferraro para cambiar de banco sin pedir permiso.

Evaluación anticipada. Análisis del impacto previsible de una ley antes de votarla. Fundamento: la OCDE promueve el análisis de impacto regulatorio: estimar costos, beneficiarios y efectos colaterales antes de decidir. Su contrario: la improvisación normativa.

Evaluación retrospectiva. Medir el efecto real de una ley años después, para corregirla, ampliarla o derogarla. Fundamento: Chris Argyris llamó «aprendizaje de doble bucle» a la capacidad de una organización de revisar no solo sus acciones, sino los supuestos que las guiaron. Su contrario: la ley eterna que nadie revisa.

Horizonte prospectivo. Pensar el país a veinte o treinta años. Fundamento: el filósofo francés Gaston Berger fundó en los años cincuenta la «prospectiva», que no predice el futuro sino que lo construye a partir de escenarios deseables. Su contrario: el cortoplacismo electoral. Se ve en: el informe de futuro que el gobierno finlandés presenta a su parlamento en cada legislatura.

Asesoría independiente. Cuerpos técnicos al servicio de los legisladores, ajenos a la presión partidaria y al lobby. Fundamento: separar el saber experto de los intereses mejora la calidad de las decisiones. Su contrario: legislar con los datos que acerca el interesado. Se ve en: la OTA estadounidense, la POST británica, la TAB alemana y la Oficina de Presupuesto del Congreso argentino.

Consejo de Inteligencia Legislativa. Síntesis institucional del concepto y propuesta del Desarrollismo Inteligente: ampliar la Oficina de Presupuesto del Congreso para evaluar leyes antes y después de su sanción y producir un informe de futuro por legislatura. Es la inteligencia legislativa hecha institución, para que no dependa solo del talento de quienes ocupan las bancas.

Fuentes

• Listado de proyectos de la diputada Marcela Pagano — HCDN

• Proyecto de dispensa del patrocinio letrado — Diario Judicial

• Julia Strada — perfil

• Régimen Federal de Áreas Metropolitanas (Ferraro y otros) — Comisión de Asuntos Municipales, HCDN

• Guillermo Michel sobre el Presupuesto 2026 — Conclusión

• Strada: industrialización del litio y baterías (3947-D-2024) — HCDN

• Strada: política energética nuclear — El Intransigente

• Strada: estafas digitales con IA — El Intransigente

• Ferraro: listado de proyectos (portabilidad financiera) — HCDN

• Ferraro: ley de ludopatía — El Intransigente

• Ferraro: sistema estadístico — Parlamentario

• Michel: monotributistas — El Entre Ríos

• Michel: desendeudamiento de las familias — 1000 Caracteres

• Michel: emergencia en Entre Ríos — El Intransigente